Barack Obama anunció este viernes una reforma de las reglas queaplica Estados Unidos en sus labores de espionaje. Esencialmente, la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) mantendrá sus actuales programas de reunión de metadatos de las llamadas telefónicas realizadas en EE.UU. por sus ciudadanos y de acceso a las comunicaciones que realizan los ciudadanos extranjeros en sus respectivos países.
Prometió, no obstante, que se aplicarán algunas restricciones –acceso a esas comunicaciones solo ante la sospecha de actividad terrorista y con autorización judicial, límite en el tiempo de esa supervisión–, tanto en la colección de datos que la NSA haga en EE.UU. como en el extranjero.
La concreción de esas limitaciones será realizada en los próximos meses, según indicó Obama en su esperado discurso, pronunciado en el Departamento de Justicia.
EE.UU. seguirá espiando a gobiernos de otros países, incluidos sus aliados, pero hará una salvedad con sus mandatarios. «He dejado claro a la comunidad de inteligencia que, a menos que haya irresistible propósito de seguridad nacional, no monitorearemos las comunicaciones de jefes de estado y de gobierno de nuestros estrechos amigos y aliados», declaró Obama.
En su discurso, el presidente estadounidense justificó la necesidad que tiene EE.UU. de vigilar por su seguridad, amenazada de formas insospechadas debido al desarrollo tecnológico, y defendió que EE.UU. pueda llegar más lejos que otras potencias en su espionaje, gracias a sus avances tecnológicos. Pero admitió que, aunque NSA se había mantenido en la legalidad y no había abusado de su autoridad, se había llegado a un «exceso» que convenía corregir.